El cristiano se regocija que su Dios no es un Dios abstracto y teorético. Su Dios es el Dios de la historia, de la Biblia. 
Así, los teólogos describen tres métodos por los cuales la razón intenta descubrir a Dios, pero ninguno de ellos puede descubrir la esencia de
Dios completamente.
El primero es via causalitatis [la vía de causación], cuando las criaturas contemplan a Dios, quien es la causa suprema y
universal, como su causa eficiente, porque ellos no pueden crearse a sí
mismos. Pero así sólo descubren que Dios existe, que hay un Dios de quien son todas las cosas, pero no qué es la esencia de Dios.
El segundo método es via remotionis [la vía de remoción o negación], cuando la razón
contempla las imperfecciones de las criaturas, y las remueve de Dios, no concordando con Su Deidad. Así, la razón considera a Dios
inmortal, impasible e impecable, porque morir, sufrir, y pecar son
imperfecciones. Pero así sólo se describe lo que Dios no es. La razón tiene que continuar buscando qué es.
El tercer método es via eminentiae [la vía de eminencia], en la que la razón contempla las varias perfecciones que se ven aquí y allá en los seres creados y las afirma de Dios en una manera eminente y transcendente. Al contemplar la sabiduría en los ángeles y los hombres, y la santidad y la fuerza, la razón considera a Dios sapientísimo, santísimo, y omnipotente. Pero aun
esto describe qué clase de ser es Dios, pero no quién es Dios. Para esto, la razón depende de la revelación.

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