¿QUÉ MERECE TODO PECADO?

La Ira y la maldición de Dios, tanto en esta vida como en la venidera.

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (Mateo 25:41). Al haber pecado, el ser humano es como el predilecto que pierde el favor del rey y merece Su ira y la maldición de Dios. Merece la maldición de Dios (Gálatas 3:10). Tal como Cristo maldijo la higuera y esta se marchitó, así también, cuando Dios maldice a alguien, el alma de este se marchita (Mateo 21:19). La maldición lo destruye todo a su paso. También es merecedor de la ira de Dios, que no es sino la ejecución de Su maldición.

¿QUÉ ES LO QUE HACE TERRIBLE A LA IRA DE DIOS?

I. La Ira de Dios es privativa.

Esto es, nos priva de la sonrisa del rostro de Dios, ya es suficiente quedar privados de Su presencia: en cuya “presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11). Su semblante sonriente tiene un esplendor y una belleza que extasía a los ángeles en deleite. Este es el diamante del anillo de la gloria. ¡Si para Absalón supuso una desdicha tan grande no ver el rostro del rey, qué no será para los malvados quedar privados de observar el hermoso rostro de Dios!, quedar privados de la visión de Dios es el mayor de los castigos.

II. La Ira de Dios es constante.

El infierno es una morada, pero no un lugar de descanso; no se descansa un solo minuto. El dolor físico entiende de remisión. Si se trata de una piedra de riñón o de un cólico, el paciente disfruta de algunos momentos de alivio; pero los tormentos de los condenados son constantes. Quien experimenta la ira de Dios jamás dice: “siento alivio”.

III. La Ira de Dios es eterna.

Así lo dice el texto: “Fuego eterno” (cf. Mateo 25:41). No hay lágrimas que puedan apagar la llama de la ira de Dios; no, ni aun cuando pudiéramos derramar ríos de ellas. Aguardamos un fin para todos los dolores de esta vida; el sufrimiento no perdura; muere el atormentador o el atormentado; pero la ira de Dios consume perpetuamente al pecador. El horror del fuego natural es que consume lo que quema, pero lo que hace que el fuego de la ira de Dios sea tan terrible es que no consume lo que quema. Quienes se pierden morirán de tal forma que seguirán siempre vivos. El pecador estará en el horno para siempre. Tras innumerables millones de años,  la ira de Dios estará tan lejos de acabar como al principio. Si toda la tierra y el mar fueran arena, y cada mil años un pájaro se llevara un grano, pasaría largo tiempo hasta que la inmensa montaña de arena desapareciera; pero si, tras todo ese tiempo, los condenados pudieran salir del infierno, habría esperanza. El término “eterno” quebranta el corazón.

IV. La Ira de Dios es justa.

La palabra griega traducida como venganza significa justicia. Los malvados beberán un mar de ira, pero ni una sola gota de injusticia. Es justo que se restituya el honor de Dios, ¿y cómo lo hará sino castigando a los transgresores? Quien infringe las leyes reales merece el castigo. La misericordia responde al favor, mientras que el castigo al mérito: “Nuestra es la confusión de rostro” (Daniel 9:8). La ira es lo que nos corresponde a los pecadores; lo merecemos tanto como cualquier salario que recibamos.

¿QUÉ HAREMOS PARA EVITAR LA IRA VENIDERA Y ESCAPAR DE ELLA?

Ser partícipes de Jesucristo.

Cristo es la única pantalla que se interpone entre nosotros y la ira de Dios; sufrió Su ira para que todos los que crean en Él no tengan que soportarla jamás: “Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10). El horno ardiente de Nabucodonosor era símbolo de la ira de Dios, y ese horno no tocó las vestimentas de los tres muchachos, “ni siquiera el olor de fuego tenían” (Daniel 3:27). Jesucristo entró en el horno de la ira de Su Padre, y el olor del fuego del Infierno jamás impregnará a quienes crean en Él.

 Permítaseme exhortar al que tenga esperanza fundada de que no sufrirá esta ira que merecía a mostrarse extremadamente agradecido a Dios, que entregó a Su Hijo para salvarlo de esta tremenda ira. Jesús te ha librado de la ira venidera. El Cordero de Dios se abrasó por ti en el fuego de la ira de Dios. Cristo sintió la ira que no merecía para que pudieras escapar de la ira que merecías.  Observa Plinio que nada apaga el fuego de manera más eficaz que la sangre. La sangre de Cristo ha apagado el fuego de la ira de Dios por ti. “Hijo mío, sea sobre mí tu maldición”, dijo Rebeca a Jacob (Génesis 27:13). Y lo mismo dijo Cristo a la justicia de Dios: “Sea sobre mí la maldición para que los elegidos hereden la bendición”. Seamos pacientes bajo todas las aflicciones que soportemos. La aflicción es dolorosa, pero no es la ira, no es el Infierno. ¿Quién no bebería voluntariamente de la copa de la aflicción sabiendo que jamás beberá de la copa de la condenación? ¿Quién no estaría dispuesto a soportar la ira del hombre sabiendo que jamás sentirá la ira de Dios?

Cristiano, aunque sientas la vara, jamás sentirás el hacha sangrienta. Dijo Agustín una vez: “Golpea, Señor, donde desees si el pecado queda perdonado”. Así, digamos igualmente: “Aflígeme, Señor, como desees en esta vida, puesto que escaparé  a la ira venidera”.

— Thomas Watson, de su libro: “Los Diez Mandamientos” | La Ley y el Pecado.

| Transcrito y adaptado por J. Alfredo Covarrubias | Teología Dogmática

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