“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como PROPICIACIÓN por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.”
-Romanos 3:23-26 RVR1960
Si Dios no fuera Justo, no hubiera habido demanda que Su Hijo sufriera y muriera. Y si Dios no fuera amoroso, no hubiera habido disposición para que Su Hijo sufriera y muriera. Pero Dios es tanto justo como amoroso. Por consiguiente Su amor está dispuesto a satisfacer las demandas de la justicia.
La Ley de Dios demandaba: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). Pero todos hemos amado otras cosas más. Esto es lo que es el pecado: deshonrar a Dios prefiriendo otras cosas antes que a Él, y actuar conforme a esas preferencias. Por consiguiente, la Biblia dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Glorificamos lo que más disfrutamos. Y eso no es Dios.
Por lo tanto, el pecado no es algo pequeño, porque no es contra un Soberano pequeño. La seriedad de un insulto aumentan según la dignidad del insultado. El Creador del universo es infinitamente digno de respeto y admiración y lealtad. Por consiguiente, dejar de amarlo no es cosa trivial: es traición. Esto difama a Dios y destruye la felicidad humana.
Puesto que Dios es Justo, no esconde estos crímenes bajo la alfombra del universo. Siente una Ira santa contra ellos. Merecen ser castigados, y Él ha dejado esto bien claro: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4).
Hay una maldición santa que pende sobre todo pecado. No castigarlo sería injusto. Sería aceptar la degradación de Dios. Una mentira reinaría en el corazón de la realidad. Por tanto, Dios dice: “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10; Deuteronomio 27:26).
Pero el amor de Dios no descansa con la maldición que pende sobre toda la humanidad pecadora. No está contento en mostrar la Ira, no obstante cuán santa sea ésta. Por lo tanto Dios envía a Su propio Hijo para absorber Su Ira y llevar sobre Sí la maldición por todos los que confían en Él. “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).
Este es el significado de la palabra “Propiciación” en el texto citado (Romanos 3:25). Se refiere a la eliminación de la Ira de Dios mediante el suministro de un Sustituto. El Sustituto es proporcionado por Dios mismo. El Sustituto, Jesucristo, no solo cancela la Ira; la absorbe y la traslada de nosotros a Sí mismo. La Ira de Dios es justa, y fue aplicada, no suspendida.
No tratemos con ligereza a Dios ni trivialicemos Su amor. Nunca nos asombraremos de que Dios nos ama hasta que nos demos cuenta de la seriedad de nuestro pecado y la justicia de Su Ira contra nosotros. Pero cuando, por gracia, despertamos a nuestra indignidad, entonces podemos mirar al sufrimiento y la muerte de Cristo y decir: “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envío Su Hijo en [Sacrificio absorbente de Ira] Propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
¡Oh, que podamos adorar la terrible maravilla del amor de Dios! Esto no es sentimental. Esto no es sencillo. Por nosotros Dios hizo lo imposible: vertió Su Ira sobre Su propio Hijo, cuya sumisión y obediencia los hizo infinitamente desmerecedor de recibirla. Sin embargo, la misma disposición del Hijo por recibirla fue preciosa a los ojos de Dios (Efesios 5:2). El Portador de la Ira era amado infinitamente.
— Por John Piper de su libro: “La Pasión de Jesucristo”, páginas 20-21, editorial: Unilit | Adaptado y transcrito por J. Alfredo Covarrubias | Glorioso Evangelio.
La pregunta más importante del Siglo veintiuno es: ¿Por qué sufrió tanto Jesucristo? Pero nunca veremos esta importancia si dejamos de ir más allá de la causa humana. La respuesta final a la pregunta, ¿Quién crucificó a Jesús? es: Dios. Esta es una idea asombrosa. Jesús era Su Hijo. Y el sufrimiento era insuperable. Pero todo el mensaje de la Biblia lleva a esta conclusión.
DIOS LO ENCAMINÓ A BIEN
El profeta Isaías dijo: “Fue la voluntad del SEÑOR quebrantarlo, sujetándolo a padecimientos” (Isaías 53:10). El Nuevo Testamento cristiano dice, “[Dios] no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32). “Dios lo puso [a Cristo] como Propiciación… por Su sangre, para ser recibido por fe” (Romanos 3:25).
Pero ¿cómo se relaciona este acto divino con las horribles acciones pecaminosas de los hombres que mataron a Jesús? La respuesta que se da en la Biblia queda expresada en una antigua oración: “se unieron en esta ciudad contra tu Santo Hijo Jesús… Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” (Hechos 4:27-28). La profundidad y el alcance de esta divina soberanía nos dejan sin respiración. Pero es también la clave de nuestra salvación. Dios la planificó, y por intermedio de hombres malvados, gran bien ha venido al mundo. Para parafrasear un pasaje de la Torá judía: Lo que ellos hicieron con malas intenciones, Dios lo hizo con buenas intenciones (Génesis 50:20).
Y puesto que Dios lo hizo con buenas intenciones, debemos pasar más allá de la cuestión de la causa humana al propósito divino. El tema central de la muerte de Jesús no es la causa, sino el propósito –el significado. El hombre puede tener sus razones para quitar a Jesús del camino. Pero sólo Dios puede concebir esto para bien del mundo. En realidad, los propósitos de Dios para el mundo en la muerte de Jesús son insondables. Yo estoy arañando la superficie en este pequeño libro al presentarle razones por las cuales Cristo sufrió y murió. Mi objetivo es dejar que la Biblia hable. Aquí es donde nosotros oímos la palabra de Dios. Espero que estos indicadores le inicien en una interminable búsqueda para saber más y más de los grandes designios de Dios en la muerte de Cristo.
¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA PASIÓN?
Viene de una palabra del latín que significa sufrimiento. Este es el sentido en que la estoy usando aquí: el sufrimiento y muerte de Jesucristo. […]
¿EN QUÉ SENTIDO FUE ÚNICA LA PASIÓN DE JESÚS?
¿Por qué el sufrimiento y la ejecución de un Hombre que fue convicto y condenado como pretendiente al trono de Roma desató, en los tres siglos siguientes, un poder para subir y para amar que trasformó el Imperio Romano, y hasta hoy está moldeando al mundo? La respuesta es que la Pasión de Jesús fue absolutamente única, y Su resurrección de la muerte tres días después fue un acto de Dios para vindicar lo que Su muerte logró.
Su Pasión fue única porque Él era algo más que un mero Hombre. No menos. Era, como dice el antiguo Credo Niceno, “verdadero Dios de verdadero Dios”. Este es el testimonio de aquellos que lo conocieron y fueron inspirados por Él para explicar quién es Él. El apóstol Juan se refería a Cristo como “el Verbo” y escribió “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho… Y Aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14).
Entonces añádase a Su Deidad que Él era totalmente inocente en Su sufrimiento. No solo inocente de la acusación de blasfemia, sino de todo pecado. Uno de Sus más cercanos discípulos dijo: “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en Su boca” (1 Pedro 2:22). Entonces añádase a esta peculiaridad que Él abrazó Su propia muerte con autoridad absoluta. Una de las más asombrosas declaraciones que jamás hizo Jesús fue acerca de Su propia muerte y resurrección: “…Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que Yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18). La controversia sobre quién mató a Jesús es marginal. El escogió morir. Su Padre lo ordenó. Él lo acató.
SU PASIÓN FUE VINDICADA POR SU RESURRECCIÓN
Debido a esta Pasión sin paralelo, Dios levantó a Jesús de entre los muertos. Sucedió tres días después. El domingo temprano en la mañana Él se levantó de la muerte. Apareció numerosas veces a Sus discípulos por cuarenta días antes de Su ascensión al cielo (Hechos 1:3).
Los discípulos fueron tardíos para creer que esto realmente ocurrió. Ellos no eran crédulos primitivos. Eran sensatos comerciantes. Sabían que la gente no resucitaba. En un momento Jesús insistió en comer pescado para probarles que Él no era un fantasma (Lucas 24:39-43). Esta no era la resucitación de un cadáver. Era la resurrección del DIOS-HOMBRE, en una indestructible nueva vida. La Iglesia primitiva lo aclamó Señor del cielo y de la tierra. Dijeron “… habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3). Jesús había terminado la labor que Dios le encomendó, y la resurrección fue la prueba de que Dios estaba satisfecho. Este libro es sobre todo lo que la Pasión de Jesús logró para el mundo.
— Por John Piper de su libro: “La Pasión de Jesucristo”, páginas 11-14, editorial: Unilit | Adaptado y transcrito por J. Alfredo | Glorioso Evangelio.
“Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu NOMBRE por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu NOMBRE, y tu palabra sobre todas las cosas.”
-Salmos 138:2
Dios sea revelado de distintas maneras a lo largo de la historia humana, por ejemplo, mediante Palabras, actos (obras), teofanías, atributos y Sus Nombres. En este pequeño artículo, se pretende abarcar de manera muy general e introductoria algunos de los Nombres más destacados de Dios. Si bien, no será un estudio exhaustivo de cada Nombre, para ello podrán acudir a las teologías y dogmáticas; por lo que más bien, será un acercamiento básico a conocer los Nombres de Dios como un forma de revelación de Su Ser y cómo éstos tienen aplicación en nuestra vida.
Los Nombres de Dios son revelación directa de Su Naturaleza, Carácter y Voluntad. Para ello nos apoyaremos de algunos teólogos sistemáticos, por ejemplo Samuel D. Renihan y Geerhardus Vos, de donde tomaremos base para explicar y definir algunos de los Nombres de Dios.
Comenzamos afirmando que los Nombres de Dios, no son meras pronunciaciones huecas o sin sentido; más bien, son sonidos que expresan un significado sumamente importante para la compresión de Su Ser. ¿Y por qué nos atrevemos a Nombrar a Dios? Porque Dios mismo se ha Nombrado a Sí mismo, Dios se ha dignado a asignarse Nombres. Algunos nos son entendibles y algunos otros nos son revelados y explicados por Él, esto con el fin de que conozcamos quién es Él. Por ende, los Nombres que Dios nos ha revelado de Sí mismo, están cargados de significado teológico, especialmente revelan la propia Esencia de Dios.
Comencemos con los primeros:
I. Nombres para el SER de Dios:
JEHOVÁ [Éxodo 6:3].
JAH [Salmo 68:4].
YO SOY EL QUE SOY [Éxodo 3:14].
Éstos Nombres son muy mencionados y conocidos por nosotros, estamos muy acostumbrados a mencionar el Nombre de “Jehová” sin traducción, algunos han objetado tal Nombre, y existen largos debates al respecto; esto se debió a que desde tiempos muy antiguos, los judíos pensaban que Levítico 24:11 y 16 prohibía pronunciar el Nombre sagrado de Dios. Siempre lo reemplazaban con “Adonai”. Más tarde, cuando se agregaron vocales al texto hebreo, usaron las vocales de Adonai, y las adhirieron a YHWH así es cómo, a lo largo del tiempo y de las traducciones, se llegó a la pronunciación “JEHOVÁ”. No podemos determinar con certeza cuál fue la pronunciación original, pero probablemente sería YAHVÉ o YAHWEH. Ahora bien, nos hemos acostumbrado tanto al sonido de Jehová que sería casi irreverente cambiarlo a estas alturas.
No obstante, los Nombres “Jehová” y “Jah” tienen un significado tan fuerte como el “YO SOY EL QUE SOY”, que leemos traducido. El significado de los tres juntos es que Dios, en Su sabiduría, escogió para Sí mismo, para Sus Nombres más sagrados, Nombres derivados de la palabra “SER” (auto-existencia | aseidad). Dios no se reveló como el Dios del río, del mar, de un territorio, de la una idea o de algo en particular, sino como el Único Ser que reparte el ser a todos los seres. Más adelante profundizaremos en el Nombre Supremo de Dios (YHWH).
Segundo grupo:
II. Nombres que apuntan al poder y fuerza de Dios:
EL [Isaías 9:6].
ELOAH [Salmo 18:31].
ELOHIM [Génesis 1:26].
Esto últimos Nombres, tienen un significado más amplio y profundo: “El que debe ser temido”, “Aquel que está lleno de majestad”. La terminación “im” es una terminación plural. El singular es “Eloah” y aparece primero en los últimos libros de la Biblia como una forma poética. La terminación plural “Elohim”no apunta a una temprana concepción politeísta, sino que significa la plenitud de poder y majestad que hay en Dios.
Tercer grupo:
III. Nombres que apuntan al gobierno y soberanía de Dios:
EL SEÑOR [Salmo 2:4].
DIOS TODOPODEROSO [Génesis 17:1; Éxodo 6:2].
JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS [1 Samuel 4:4].
Éste último Nombre, significa “Jehová de los Ejércitos (Sabaot)”. Este nombre se usó por primera vez en la época de Samuel. En ese sentido, se ha pensado que señala a Jehová como Capitán del orden de batalla de Israel (Sal 44:10). Sin embargo, en las Escrituras hay otras dos cosas a las quetambién se les llama “ejércitos”; a saber, las estrellas y los ángeles (Dt 4:19; Job 38:7). Por lo tanto, junto al significado mencionado anteriormente, también está incluido en el Nombre esto: Dios gobierna con total poder sobre los ángeles y las estrellas, e Israel no deberíatemerles, tal como hacen los paganos. Mientras que los Nombres “El Señor” y“Dios Todopoderoso” nos enseña la absoluta soberanía y propiedad de Dios por encima de toda la Creación en Su gobierno providencial sobre Sus criaturas.
El Nombre de “ADONAI” también nos encierra el poder y el gobierno soberano de Dios, puesto que este Nombre era usado para sustituir el Nombre Supremo de Dios (YHWH), y en su lugar usaban Adonai que significa “Gobernante” o “Señor”;originalmente, “mi Gobernante”, “mi Señor”. Así mismo, el Nombre “EL SHADDAI” apunta al poder omnipotente y fuerza de Dios. El Nombre de El Shaddai nos muestra a Dios como el poseedor de toda la potencia en el cielo y en la tierra.
Cuatro grupo:
IV. Nombres que apuntan a la gloria y exaltación de Dios:
ELYÓN que significa “el Exaltado”, es decir, “sobre todos los supuestos dioses”. [Gn 14:18.].
ALTÍSIMO [Salmo 9:2].
Éstos Nombres reflejan la trascendencia de Dios en Su exaltación por encima de todo, se revela como el Dios Supremo que es Omnisciente, el Rey sublime que mira y observa todas las cosas desde las alturas. Dios es el Ser inconmovible e inmutable, quien no puede ser enfrentado y sorprendido.
En el Antiguo Testamento encontramos combinaciones del Nombre de Dios, Jehová, con ciertos adjetivos que le adhieren un significado particular para revelarnos más del carácter de Dios hacia Su pueblo especialmente, por ejemplo:
JEHOVÁ HA TSUR. El Señor es la Roca, o el Dios que no cambia. [Deut. 32:15].
JEHOVÁ SHAMMAH. Aquí habita el Señor. [Ezequiel 48:35].
JEHOVÁ SABAOT. El Señor de los Ejércitos. [Salmo 24:10].
JEHOVÁ TSIDKENU. El Señor es nuestra Justicia. [Jeremías 23:6].
JEHOVÁ RAFA. El Señor es mi Salud. [Éxodo 15:26].
JEHOVÁ NISSI. El Señor es mi Estandarte. [Éxodo 17:15].
JEHOVÁ JIREH. El Señor Provee. [Génesis 22:14].
JEHOVÁ RAAH. El Señor es mi Pastor. [Salmo 23:1].
JEHOVÁ SHALOM. El Señor es la Paz. [Jueces 6:24].
JEHOVÁ MEKADDESH. El Señor que santifica. [Éxodo 39:30].
También encontramos estos Nombres antiguo testamentarios:
EL OLAM. El Eterno [Salmo 90:2].
AVI. Padre. [Isaías 64:8].
KADOSH. El Santo.[Isaías 6:3; 45:11].
Si bien, todos éstos Nombres eran usados en el Antiguo Testamento, sus significados no dejaron de ser verdaderos en el Nuevo Testamento, ya que encontramos que en el griego coiné el equivalente de los Nombres del Antiguo Testamento fueron aplicados a Dios bajo ese mismo significado en la generalidad de los casos, y en algunos casos se extendió el significado, quedando de la siguiente manera:
I. THEOS. El Nombre “Theos” significa “Dios”, lo cual apunta directamente a la Esencia Divina de Dios, Su Deidad. Éste Nombre es usado en equivalencia a los Nombres: El, Elohim y Elyón. Especialmente se aplicaba al Nombre Elohim apuntando directamente a la Deidad misma de Dios como Ser Supremo (Efesios 4:6; Hechos 17:29).
II. THEOS PANTOKRATOR. Es el Nombre nuevo testamentario que encontramos para traducir el Nombre de El Shaddai encerrando la idea de la posesión de Dios en todas las cosas, no sólo Dueño de Sus hijos en Cristo; sino el Dueño del Cosmos (Hechos 17:24).
III. KURIOS. Éste Nombre encierra el Nombre Supremo de Dios (YHWH) Yahweh en otras connotaciones de su significado original. Por ejemplo, como “El Alfa y la Omega”, “el que es, el que era y el que ha de venir”, “el principio y el fin”, “el primero y el último” (Apoc. 1:4, 8, 17; 2:8; 21:6). No obstante, en el Nuevo Testamento que siguió a la traducción de la Septuaginta (LXX), en la que se sustituyó el Nombre Yahweh por el Nombre de Adonai; el Nuevo Testamento lo tradujo como Kurios, que se deriva de Kuros que significa poder. Este Nombre no tiene exactamente la misma connotación original como lo he mencionado; pero designa a Dios como el Poderoso, el Señor, el Poseedor, el Regente que tiene autoridad y poder legal. Y éste Nombre no se aplica sólo a Dios el Padre; sino también a Cristo, confirmando Su plena Deidad (Juan 8:58).
IV. ABBA / PATER. Pater significa Padre.Aunque la palabra Padre era aplicado en el Antiguo Testamento a la relación de Dios hacia Israel (Deut. 32:6), en tanto que Israel también era llamado hijo de Dios (Éxodo 4:22). En el Nuevo Testamento este Nombre toma más significado, puesto que se aplica a Dios como el Originador o el Creador de todas las cosas (Efesios 3:14 y 15; Hebreos 12:9; Santiago 1:18). Sin embargo, en un significado más profundo y especial, el Nombre de Pater es aplicado a la relación filial que el Hijo de Dios tiene con Dios el Padre en la comunión de la Santa Trinidad (Juan 5:17-47).
Para finalizar este pequeño artículo sobre los Nombres de Dios, debemos enfatizar la importancia de uno de los Nombres de Dios, un Nombre que ha sido catalogado por Dios mismo, como Su Nombre. “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Éxodo 3:13 y 14).
Como hemos aprendido, los Nombres de Dios nos revelan Su Ser auto-existente, Su Ser Supremo, Su Ser de Poder, Su Ser de Autoridad, Su Ser de Majestad, Su Ser que afirma que no hay otro fuera de Él, el Único Vivo y Verdadero Dios, el Creador y Sustentador de todas las cosas, y el Redentor de Su pueblo.
Sin embargo, a lo largo de la historia de la iglesia, los teólogos han identificado el Nombre YO SOY EL QUE SOY como el Nombre definitivo y supremo de Dios, éste Nombre es conocido como el “Tetragrámaton” que significa “las cuatro letras” en griego. Se refiere al Nombre YAHVÉ o YAHWEH, o conocido comúnmente en la traducción moderna como JEHOVÁ, se escribe en hebrero sin vocales y solamente cuatro letras:YHWHoJHVH.
El teólogo Bullinger dice al respecto sobre el Nombre de Dios:
“Entre todos los Nombres de Dios, aquel es el más excelente que se llama el tetragrámaton, JEHOVAH, es decir, El Ser o Yo Soy, para Él, que es autousia, un Ser de Sí mismo [aseidad], teniendo Su vida y Su Ser no de otro, sino de Sí mismo, en necesidad de nadie para hacerlo Ser, pero dando el Ser a todos los seres, es decir, Dios eterno, sin principio y fin, en quien vivimos, nos movemos y somos.” [Bulliger, Fiftie Godlie and Learned Sermons, 608]
De igual manera el teólogo Gale, citado por Richard Muller, dice:
“Según Gale, Jehová significa cuatro cosas: Primero, la eternidad de Dios que comprende eminentemente todas las diferencias de tiempo, como lo expone Juan, Ap. 1:4,8; segundo, la simplicidad de la esencia divina y la identidad de Dios como ‘Ser mismo’; tercero, la eficacia y causalidad de Dios al ‘dar ser y existencia a toda su creación’; y cuarto, la omnipotencia y veracidad de Dios ‘al dar ser y eficiencia a sus promesas, y palabra.” [Gales, citado por Richard Muller, PRRRD, III: 261.]
Este Nombre sagrado YHWH es aplicado a las Tres Personas de la Deidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como el Único Dios Verdadero (Filipenses 1:2; Juan 1:1; Hechos 5:3-4).
El Nombre de Dios, YAHVÉ o YAHWEH, está plenamente cargado de significado en cuanto al Ser de Dios, por un lado también nos enseña que el Señor, es el Dios del Pacto, mostrando Su fidelidad y alianza a Sus decretos y promesas; por otro lado, los teólogos han extraído que el significado de este Nombre nos lleva a conocer la aseidad, eternidad, infinitud, inmutabilidad de Dios y más, y esa extracción corresponde perfectamente con otros versículos. Por ejemplo, Pablo dice en Romanos 11:36 que “porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” Esa doxología concuerda con YO SOY EL QUE SOY, el Ser que existe por Sí mismo y reparte el ser a todo ser.
Por lo tanto, al conocer un poco más de los Nombres de Dios, que fue el motivo de este pequeño artículo, debemos admirarnos de nuestro Supremo y Excelso Dios, y así para que a través de la revelación de Su Ser en estos distintos Nombres, nosotros aprendamos a confiar más en Él y ser fortalecidos en nuestra vida, pues el conocimiento de Dios aplicado por el Espíritu a el alma, será siempre la esperanza, el consuelo, fortalecimiento y la alegría del hijo de Dios, a pesar de toda circunstancia. DIOS ES EL “YO SOY EL QUE SOY”.
Ante tan maravillosa revelación de los Nombres de Dios que nos enseñan la Naturaleza de Su Ser, concluyo con un extracto de lo que dice la Confesión Bautista de 1689, sobre los atributos de Dios que se relacionan totalmente con Sus Nombres:
“1. El Señor nuestro Dios es un Dios único, vivo y verdadero;1 cuya subsistencia está en él mismo y es de él mismo, infinito en su ser y perfección;2 cuya esencia no puede ser comprendida por nadie sino por él mismo;3 es espíritu purísimo, invisible, sin cuerpo, miembros o pasiones, el único que tiene inmortalidad y que habita en luz inaccesible;4 es inmutable, inmenso, eterno, inescrutable, todopoderoso, infinito en todos los sentidos, santísimo, sapientísimo, libérrimo, absoluto;5 que hace todas las cosas según el consejo de su inmutable y justísima voluntad, para su propia gloria;6 es amantísimo, benigno, misericordioso, longánimo, abundante en bondad y verdad, perdonando la iniquidad, la transgresión y el pecado;7 galardonador de los que le buscan con diligencia, y sobre todo, justísimo y terrible en sus juicios, que odia todo pecado y que de ninguna manera dará por inocente al culpable.8”.
[Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, en su capítulo 2. De Dios y la Santa Trinidad, en su párrafo 1.]
Escrito y adaptado por J. Alfredo Covarrubias.
Bibliografía:
Samuel D. Renihan, De Dios y Su Decreto, De la Esencia de Dios, Kindle Publishing, pags. 22 y 23.
Si podemos resumir el mensaje del Evangelio, podríamos decir que se sintetiza en dos Pactos: el de Obras y el de Gracia; o para ponerlo más concreto, en Adán y en Cristo. Solo existen dos Cabezas Federales de la humanidad, dos Personas que nos representan ante Dios el Padre Justo: Adán y Cristo. Así que, Adán y Cristo, son el punto central de la Caída y la Redención, cada uno de nosotros se encuentra ya sea en Adán bajo el Pacto Obras, o en Cristo bajo el Pacto de Gracia. En el Pacto de Obras Adán falló y, por lo tanto, sumió a toda la raza humana en el estado de la maldición y condenación; por otro lado, Cristo triunfó y obedeció a cabalidad en donde Adán cayó, redimiendo y restaurando a Su pueblo. El Pacto de Gracia es el resultado de que Cristo haya guardado el Pacto original de Obras. Todos nosotros desde que nacemos, nacemos bajo la ruina del Pacto de Obras en Adán, pero para que nosotros entremos al Nuevo Pacto (Pacto de Gracia), es a través de la fe en Cristo. Puesto que el Pacto de Gracia es incondicional, esto es debido a Cristo quien guardó todas las condiciones y demandas en nuestro lugar como Representante y Sustituto. Él obedeció perfectamente la Ley a favor de Su pueblo y murió sustitutivamente en la Cruz recibiendo el castigo y la maldición por el pecado del pueblo. Ahora, todo lo que necesita hacer quien se encuentre en Adán, es creer en Cristo, y como debe ser recordado, aun la fe misma es un don de Dios dado por gracia en Jesucristo (Efe. 2:8). Recibido en gracia por nosotros; pero adquirido por la Obra de Cristo en Su Vida de perfecta Obediencia y Sacrificio perfecto en lugar de nosotros. Estar en el Pacto de Gracia, o para ponerlo en otra forma, ser miembro y participante en el Pacto guardado por Cristo, es estar en el Reino de Dios y ser heredero de todas las bendiciones. Pero estar fuera del Pacto de Gracia en Cristo es estar en el reino de las tinieblas, en el reino del diablo bajo la condenación en Adán. No existe un estado intermedio, todos estamos en Adán o en Cristo. Así que la pregunta crucial es: ¿Dónde estás tú? …
La imagen representa la ruina total que es estar en Adán; en contraste, también representa la gloria y bienaventuranza que es estar en Cristo.
— J. Alfredo Covarrubias
«Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.»
Jesús es la Cabeza representativa de sus elegidos. Como todo heredero de carne y de sangre tiene en Adán un interés personal, por ser él la cabeza representativa del linaje humano desde el punto de vista de la Ley de las obras, así también bajo la Ley de la Gracia toda alma redimida es una con el Señor del cielo, puesto que Él es el Segundo Adán, el Fiador y Sustituto de los elegidos en el Nuevo Pacto de amor. El apóstol Pablo declara que Leví estaba en los lomos de Abraham cuando Melquisedec le salió al encuentro. Es también verdad que el creyente estaba en los lomos de Jesucristo, el Mediador, cuando en la remota eternidad los convenios del Pacto en la Trinidad de Dios fueron decretados, ratificados y asegurados para siempre. Así, todo lo que Cristo ha hecho, lo ha hecho en favor de toda Su Iglesia. Somos crucificados con Él y sepultados con Él (Col. 2:10-13), y para hacer esto aún más admirable, resucitamos con Él y ascendemos con Él a las alturas (Ef. 2:6). Es así como la Iglesia ha cumplido la Ley y es «acepta en el Amado». Es así como es mirada con complacencia por el Justo Jehová, pues Él la mira en Jesús y no como separada de su Cabeza representativa. Como el Ungido Redentor de Israel, Jesucristo no tiene nada que sea distinto de Su Iglesia. Todo lo que Él tiene, lo tiene para ella. La justicia de Adán fue nuestra mientras él la mantuvo, y, cuando pecó, su pecado fue también nuestro. De la misma manera, y por el hecho de ser nuestro representante, todo lo que el Segundo Adán es o hace, pertenece tanto a Él como a nosotros. Aquí está el fundamento del Pacto de Gracia. Este bondadoso sistema de representación y de sustitución que movió a exclamar a Justino Mártir: «¡Oh bendito cambio, oh dulce permuta!», es la base misma del Evangelio de nuestra salvación y tiene que ser recibido con fe inquebrantable y con extático gozo. ¡Adoremos y admiremos a este mejor Adán! CRISTO
«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.»
El Evangelismo es sumamente importante en la vida del Cristianismo. De hecho, el Evangelismo es el medio que Dios usa para llamar a Su pueblo a la Fe en Jesucristo, Su Hijo. Por ello, el Evangelismo es lo que ha mantenido, a través de la historia, de pie a la Iglesia. Si recordamos en nuestra propia experiencia, nosotros conocimos el Evangelio porque un día alguien nos predicó. Dios siempre ha usado hombres para proclamar el mensaje de la Cruz de Cristo. Así que, si hoy en día el Evangelio sigue sonando en los oídos de las personas, es porque existen evangelistas que constantemente están predicando. Esto nos lleva a la fidelidad de Dios en Su promesa.
El Evangelismo o Evangelizar es el proceso mediante el cual el creyente predica el mensaje del Evangelio a su prójimo. Evangelismo o Evangelizar significa: “predicar el Evangelio”. Por ello, es aquella acción mediante el cual la Iglesia proclama, anuncia e informa el mensaje del Evangelio a las personas. Cuando Evangelizamos hacemos llegar a nuestro prójimo el contenido primordial del Evangelio. Pero, hablamos que Evangelizar es predicar el Evangelio, pero ¿qué es el Evangelio?
Evangelio viene de una palabra griega: “euanguélion”, que significa Buenas Nuevas o Buenas Noticias. Y aquí viene una segunda pregunta: ¿Buenas Noticias de qué? El mensaje del Evangelio es la Buena Noticia del Dios Eterno para la Salvación de los pecadores a través de Jesucristo. Aquí es donde comenzamos a sorprendernos, pues toda noticia cuando es buena nos agrada y da paz. Cuando alguien nos da una buena noticia eso nos anima y conforta; pero, cuando escuchamos el Evangelio, estamos escuchando más que una buena noticia humana, estamos escuchando la Buena Noticia de parte de Dios a los pecadores. Esta Buena Noticia es la más grandiosa y consoladora para el hombre. No existe mensaje más alto y sublime que el Evangelio de Dios, ya que el Dios del Cielo y de la Tierra ha dado una Buena Noticia para nosotros los pecadores. Noticia que debe ser conocida, predicada y creída.
Por ende, el mensaje del Evangelio es sumamente importante. Tal mensaje debe ser proclamado y dado a conocer a toda criatura, porque antes de que sea una Buena Noticia para el pecador, primero es una mala noticia. Toda vez que primeramente nos enseña que somos pecadores rebeldes quienes se encuentran bajo la ira de Dios. Pecadores amantes de nosotros mismos más que de Dios. Pecadores que viven sólo para satisfacer sus propios deseos, corruptos de mente, alma y corazón. Así el Evangelio habla con sinceridad a los hombres de quiénes somos ante el Dios Santo y Justo.
Sin embargo, a pesar de toda esta ruina humana, Dios en Su infinita Misericordia, Gracia y Amor Soberano decretó y planeó salvar a los pecadores. Y el medio que implementó es extremadamente glorioso y maravilloso, la forma en que Dios ha redimido al hombre de la condenación es a través de la Persona y Obra de Su Hijo, Jesucristo.
El Evangelio es el mensaje más grande jamás contando en la historia de la humanidad. La Escritura le da varios títulos para enfatizar la excelencia del mismo:
1.- El Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (Marcos 1:1). 2.- El Evangelio de la Paz por medio de Jesucristo (Efesios 6:15; Hechos 10:36). 3.- El Evangelio del Reino de Dios (Marcos 1:14). 4.- El Evangelio de Dios (Romanos 1:1). 5.- El Glorioso Evangelio del Dios Bendito (1 Tim. 1:11). 6.- El Evangelio de Cristo (Romanos 15:19, ect). 7.- El Evangelio de la Gloria de Cristo (2 Cor. 4:4). 8.- El Evangelio de la Gracia de Dios (Hechos 20:24). 9.- El Evangelio de Su Hijo (Romanos 1:9). 10.- El Evangelio de vuestra Salvación (Efesios 1:13). 11.- El Evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo (Efesios 3:8).
Dios a través de estos títulos nos quiere dejar en claro la grandeza, excelencia y lo sublime que es el Evangelio, pues este Evangelio es el propio mensaje de Dios. El Evangelio es de Dios y para la gloria de Dios. Ya que en este mensaje sublime conocemos a Dios el Hijo quien se dio como el Salvador de los pecadores. Por lo tanto, el mensaje del Evangelio es que Dios el Padre nos dio a Su Hijo Amado para nuestra Salvación.
Para finalizar, tenemos que hacer la pregunta cúspide del porqué debemos Evangelizar: ¿Cuál es el fin o propósito último del Evangelismo?
El fin último del Evangelismo es que Dios atraiga a Su pueblo a través de la predicación del Evangelio para que Su pueblo sea Salvado de la condenación y del Día de la ira, para que así herede las promesas de la gracia y agradezca a Dios por tan grande amor y benevolencia. Por ello, esta Salvación tiene como fin último el que Dios sea glorificado a través de los redimidos que exaltarán, adorarán y glorificarán a Dios por tan grande Obra Salvadora en Jesucristo. Así, el fin último es cumplido, Dios es glorificado mediante las acciones de gracias del pueblo redimido.
El Evangelismo al proclamar el Evangelio, llama a los pecadores al más grande gozo y comunión con el Dios Trino para contemplar la grandeza de Su gloria por toda la eternidad.
El cristiano se regocija que su Dios no es un Dios abstracto y teorético. Su Dios es el Dios de la historia, de la Biblia. Así, los teólogos describen tres métodos por los cuales la razón intenta descubrir a Dios, pero ninguno de ellos puede descubrir la esencia de Dios completamente. El primero es via causalitatis [la vía de causación], cuando las criaturas contemplan a Dios, quien es la causa suprema y universal, como su causa eficiente, porque ellos no pueden crearse a sí mismos. Pero así sólo descubren que Dios existe, que hay un Dios de quien son todas las cosas, pero no qué es la esencia de Dios. El segundo método es via remotionis [la vía de remoción o negación], cuando la razón contempla las imperfecciones de las criaturas, y las remueve de Dios, no concordando con Su Deidad. Así, la razón considera a Dios inmortal, impasible e impecable, porque morir, sufrir, y pecar son imperfecciones. Pero así sólo se describe lo que Dios no es. La razón tiene que continuar buscando qué es. El tercer método es via eminentiae [la vía de eminencia], en la que la razón contempla las varias perfecciones que se ven aquí y allá en los seres creados y las afirma de Dios en una manera eminente y transcendente. Al contemplar la sabiduría en los ángeles y los hombres, y la santidad y la fuerza, la razón considera a Dios sapientísimo, santísimo, y omnipotente. Pero aun esto describe qué clase de ser es Dios, pero no quién es Dios. Para esto, la razón depende de la revelación.
Esto es una entrada de muestra, originalmente publicada como parte de Blogging University. Regístrate en uno de nuestros diez programas y empieza tu blog con buen pie.
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¿No sabes por dónde empezar? Tan solo escribe lo primero que se te ocurra. Anne Lamott, autora de un libro sobre cómo escribir que nos encanta, afirma que debemos permitirnos escribir un «primer borrador de mierda». Anne está en lo cierto: tan solo tienes que empezar a escribir, y ya te encargarás de editarlo más tarde.
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